jueves, 30 de octubre de 2008

La vida es un viaje en tren

¡Hola!

Quiero compartir algo que escribí hace un tiempo y que tenía escrito en un cuaderno que me traje a Londres hace ya 4 años. Ya me diréis.

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16 de mayo de 2004 (16:00h, en el tren de Vic a Barcelona)

La vida es como un viaje en tren por un lugar que, aunque conocido, siempre tiene algo de nuevo, curioso, místico, impredecible. El fondo es, más o menos, predecible: lo vas viendo constantemente, lo ves, está ahí, se mueve muy poco a poco. Pero, a medida que acercas la mirada hacia el tren, te vas fijando en las cosas que están más cerca del tren; las ves pasar rápidamente… Unas te las esperas: son los árboles que hay en el camino, a los lados de la vía. Otras aparecen de pronto, dándote un susto inesperado… golpeando tu corazón y haciéndolo latir rápidamente.

De toda esa gente que ha ido pasando por tu vida, por tu corta vida… ¿cuántos se han bajado en tu estación y se han quedado? ¿20? ¿15? Muy pocos, muchos menos de los que había al principio y muchos menos de los que habrá al final.

En este viaje en tren, más que objetos, observo colores que van apareciendo y desapareciendo por la ventana, como si el tren fuese un pincel sobre una paleta de colores, esperando a untarse de uno de estos colores. Cojo un color, uno solo, y siento como su tacto que se escurre entre mis dedos. Es como una arena líquida que hace aguas de diversas tonalidades del mismo color… Puedo sentirlo…Puedo, incluso, olerlo. Es un olor particular. Un olor que nunca antes había olido… Un OLOR a COLOR.

De vez en cuando, el tren pasa por túneles, túneles negros que hacen que el color desaparezca… y el olor también. “¡Sal ya del túnel!”, pienso una y otra vez. Pero a veces los túneles son largos y lúgubres y parece que no acaban. Entonces cierro los ojos e imagino mi mundo de color… Pero falta una cosa: EL OLOR; el olor no me llega y eso hace que vea los colores difuminados… Por fin la luz, los colores y olores… ¡El mundo!

Pero el viaje sigue. Sigue su rumbo. A veces se retrasa, o eso parece. Es, más bien, una ralentización del transcurso de la vida, un parón para recoger fuerzas, con sus más y sus menos… Se frena la vida para solucionar un imprevisto, pero el viaje siempre sigue, nunca para porque el tren tiene que llegar a tiempo a su destino. Sí, tras esta pequeña demora, retoma el camino, acelerando, intentando ganar (o recuperar) el tiempo perdido.

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Curri

domingo, 12 de octubre de 2008

Viaje a Turquía

Después de 6 noches sin apenas dormir, mucho dinero gastado (no quiero ni mirar la cuenta), muchos sitios y monumentos visitados, muchas fotos sacadas (982)... ya estoy de vuelta. La experiencia ha sido genial.

Primero, estar en un país con una cultura diferente, un idioma diferente, unas costumbres distintas... Y ahí estábamos nosotros, un grupo de lo más variopinto, las chicas mostrando hombros y piernas sin reparo y los hombres en pantalones cortos y chanclas. Lo que primero nos llamó la atención fue que todo el mundo nos miraba. Mira a cada uno de nosotros, porque se nos veía muy diferentes a ellos: una danesa (rubia), una irlandesa (blanca piel y ojos claros), un hijo de caribeños (alto, negro y con gafas de sol en plan cool), un inglés hijo de india y afgano, un francés alto, un alemán con la piel graciosamente blanca y ojos azules, una galesa con ojos achinados... en fin, que la única más "parecida" a ellos era yo, y me confundían por una turca (algunas veces me hablaban en turco), pero que, claro, tenía demasiada piel al descubierto.

Nos chocaron los baños públicos en Bursa (la ciudad en la que estuvimos para la boda), ya que todos eran un agujero de cerámica en el suelo, con un grifo y un recipiente de plástico para echar agua al "inodoro". Sé que en Japón hay muchos, y en Francia, en algunos sitios también, pero yo nunca había visto ninguno, y menos aún me imaginaba que fuesen algo tan normal.

Lo gracioso del viaje fue ver como a Derren le paraban por la calle para hacerse fotos con él, como si de un famoso se tratara (¡con lo poco que le gusta ser el centro de atención!). Algunas madres le daban a sus hijos para que los cogiera y hacerse una foto, como si fuese un dios que transmitiese poderes o algo así. Algunos le preguntaban por su nombre o soltaban nombres de personalidades famosas: ¡Carl Lewis! ¡Denzel Washington! ¡Eddie Murphy!...

Por otro lado, la boda, mitad turca mitad "occidental". Nuestro grupo (los amigos del novio) fue el alma de la fiesta, los que hacíamos ruido, gritábamos y salíamos a hacer bailes chorras. Los amigos y familia de la novia nos retaban a la danza del vientre y ofrecían dinero al que lo hiciese bien. Y acabamos todos juntos bailando un intento de danza del vientre que parecía más bien alguien con agujetas intentando imitar a Shakira... en fin.
El problema del idioma fue mucho más grave en Bursa que en Estambul. Poca gente en Bursa entendía inglés (solo en comercios y algunos jóvenes) y hablando con señas a veces los confundía aún más. Pero más o menos nos apañamos. Yo intenté decir un par de cosas en su idioma (como por ejemplo, "la cuenta", o "cuánto dinero") pero parecía que no me entendían, así que acabamos usando el método "voy a gritar a ver si así me entiendes" :)

Si no habéis estado en Estambul, vale la pena ir. Tampoco diría que es la ciudad más maravillosa (algunas ciudades españolas le dan mil vueltas), pero tiene cosas curiosas, como estar en dos continentes diferentes sin cambiar de ciudad, o ver que la ciudad está partida en tres trozos de tierra, o ver las mezclas del pasado y del presente en el mismo sitio. Tranvías por la parte antigua de la ciudad y coches que se caen a trozos, edificios de un millar de años en el casco antiguo y torres de vidrio ultramodernas.


Más cosas. Los gatos y los perros callejeros están super bien cuidados. Al parecer, los restaurantes y tiendas se encargan de darles las sobras y a los perros los vacunan y les ponen una placa para que la gente sepan que no hay problema con ellos. Y la verdad es que es una maravilla ver a los animalitos acercarse a ti y que los puedas tocar sin miedo. Eso sí, son más listos que el hambre. En cuanto te ven que te sientas en un bar, ahí los tienes, maullando como si hiciese meses que no comen. Y te apiadas de ellos y les das un trozo de tu carne y te pide más, y le das otro trozo... y luego sale el dueño del bar y se va a una esquina y ves como le pone en un platito comida... y te quedas con una cara de bobo. Los gatos te engañan. En Turquía, en España y en tó el mundo. Pero seguimos siendo tontos y los creemos, jajaja.
Ah bueno, y por último, el tráfico. ¡La carretera es la selva! ¿Los intermitentes? ¿Pa qué? Yo me voy metiendo así poquito a poquito y ya me dejarán pasar. Los taxis, a velocidades impresionantes por calles peatonales. Yo creía que los taxistas en España eran caraduras y tenían coches que solo les faltaban alas para volar. Pero, amigo, en Turquía los autobuses hacen maniobras en la autopista. Estás en un autobús con 50 personas más, y en medio de la autopista ves gente en el arcén de la carretera levantando la mano... el autobús se para y ellos suben. Sí, en medio de la autopista. Y si vives a las afueras de la ciudad, cerca de la autopista, pues simplemente le dices al conductor que se pare... ¡¡y se para!! ¿No es genial? En serio, lo flipé, porque a nososotrs siempre nos han enseñado lo peligrosísimo que es pararse en una autopista y bueno, de hecho está prohibido caminar por la autopista. Pero ahí se ve que no (o si lo está, la gente no le hace mucho caso).
Me parece algo increíble, en serio, en el buen sentido. Me encantó ver las diferencias entre nuestra cultura y la suya, cosas que para nosotros serían impensables, para ellos son el pan de cada día. Y visitar un país tan diferente te ayuda a abrir la mente. Y creo que a muchos españoles le vendría bien algo así.
No sé si me dejo algo en el tintero, pero bueno, siempre puedo volver y añadirlo.
Un abrazo,
Curri

viernes, 10 de octubre de 2008

Hoy era mi regreso del viaje a Turquía, y después de la buena semana que había tenido, creo que me ha sentado aún peor. La empresa que me enviaba un flujo constante de traducciones ha decidido prescindir de mis servicios. Según argumentan, por la mala calidad de mis traducciones.
Me duele.
Me duele porque lo dejé todo por estar aquí, cada día, haciendo lo que he querido hacer en los últimos 10 años. Me duele por cómo ha sido todo. Me duele porque todos los dedos apuntaban hacia mí y ninguno se miraba el suyo. Me duele porque me acusaron de cosas que no eran culpa mía. Me duele porque he puesto mucho empeño, mucho tiempo, mucho estrés y mucho entusiasmo en ello. Me duele porque sentí que me insultaban cuando decía "esto no está escrito por un español" (cuando estas palabras provenían de un italiano). Me duele porque pareció todo un complot, seguramente una forma de reírse de la vida que nos da tantos golpes, una y otra vez... Me duele porque lo veía venir y no he podido hacer nada para evitarlo.

Diría que me duele porque ahora me veo como perdida, sin nada, justo ahora que necesitaba dinero... pero el dinero no da la felicidad. Hacer lo que te gusta sí. Y me han jodido, porque eso me gustaba, a pesar de las dificultades que aparecían día a día.
Me duele más por la inseguridad que ha creado en mí, un miedo al fracaso que casi tenía olvidado.

Así que, la aventura de buscar trabajo ha vuelto a mi vida, con la única diferencia de que, ahora, no tengo ese colchón de dinero que me daba seguridad. La aventura se ha convertido en búsqueda desesperada. Pero pocas veces me he rendido. Lloro, maldigo todo lo que me pasa, me seco las lágrimas, sonrío... y parece como si las fuerzas volviesen.

Y aquí estoy, preparada para seguir.
Un abrazo.
Curri

miércoles, 1 de octubre de 2008

El flequillo...

La he vuelto a armar.
Y lo peor es que no es la primera vez. Cuando iba a preescolar, estaba en la clase (aún lo recuerdo) y empecé a jugar con el pelo y, con curiosidad, se me ocurrió preguntarme cuánto me mediría el pelo. Así que, ni corta ni perezosa, cogí un mechón (pequeñito, eso sí), de los de la parte de delante, y con las tijeras de artes plásticas... ¡ZAS! Le metí un tijeretazo al mechón (desde la raíz). "Ah, pues sí, tengo el pelo bastante largo..." La curiosidad mató al gato.

Recuerdo llegar a casa y mi madre dio un grito: "¿Pero qué te has hecho?" "Nada mamá, es que quería saber cuánto me medía el pelo". Y bien orgullosa que estaba yo con mi ocurrencia. A más de uno le encantaría poder ver la cara de mi madre en ese momento. A mí no me gustó.

Pues estaba yo el lunes, tras la ducha, pensando en que tenía el pelo ya muy largo y me tendría que hacer un corte. Y como es habitual en mí, cogí las tijeras para escalarme un poco el pelo... como he hecho tantísimas veces y me queda siempre bastante bien. Pero no, el lunes fue distinto. No sé si es porque iba con prisas, porque no quería "manchar demasiado" o, simplemente, porque se me fundió una neurona en el cerebro, pero en vez de cortarme el pelo mirándome al espejo (como hago normalmente) lo hice a ciegas, cogiendo el mechón correspondiente y cortando como normalmente hago... con la única diferencia que, ni me miré al espejo y, encima, esta vez, lo hice demasiado corto. Eso es lo que pasa cuando te fías de las distancias cercanas.




Y así me quedó, con un mechón saliendo de la nada. Si es que no puedo hacer ná con él. Me lo tiro p'atrás, y se me cae p'alante :)
¡No veoooo!


La culpa es de las peluquerías de Londres, que son muy caras. Y claro, paso de ir a una, intentar explicarles lo que quiero que me hagan en inglés, que me entiendan (porque esto también es importante) y luego, hagan una mierda. Y encima, te enseñan la factura, ¡pum! Te la meten doblada.

Tantos amigos informáticos que tengo y se me olvidó hacerme uno que sea peluquero/a, así le podría hacer intercambios: "Yo te cook una Spanish omelette y tú me cortas el hair" (así, si me hace un desastre, pues me vengo y le pongo en la tortilla los huevos podridos, hala).

Bueno, voya volver al baño, a mi espejo, a ver si puedo arreglar esto con un par de horquillas.

Hasta pronto.
Curri

martes, 23 de septiembre de 2008

Sin tiempo

Todo se te junta, en uno. Crees tenerlo todo dominado, pero lo ves todo, en el fondo, como una neblina y no llegas a nada. Así llevo los últimos tres meses. Creí que trabajar desde casa me ahorraría tiempo, pero no. Me lo quita, lo pierdo o no sé qué hago con él. El tiempo es, para mí, una de esas cosas que buscas y rebuscas, y después de un largo rato, te das cuenta que lo llevabas puesto. Y así paso los días.

Quiero escribir en el blog, porque echo de menos de escribir. Mi diario se quedó a medias, con páginas en blanco que chirrían cuando lo abro. ¿Un año? Año y medio, tal vez, desde la última vez que rellené con mi color verde el diario de mi vida en Londres. Y no es que me avergüence de mí misma, pero sí me doy cuenta que, un poquito cada día, cuesta menos que todo a una.

Y pienso en todo lo que tengo que hacer, y me agobio. Normal, son muchas cosas y sabes que no abarcas a todo. El trabajo (que nunca lo acabo a las 18:00h como debería), el máster (con el que siempre me veo retrasada), la fotografía (con la que ya ni me planteo salir un día por ahí a "entrenarme"... ¡eso me lo saqué de la cabeza hace ya mucho!), el blog (tan olvidado como lo tengo)...
Si es que el día debería tener tantas horas como desees. O, mejor aún, deberían inventar una de esas máquinas de dormir que, te metes y, estando solo 1/2 hora... Voilà!... Sales de ahí como una rosa fresca por el rocío de la mañana, vamos, como si hubieses dormido tus nueve horas de rigor, preciosa, fresca y radiante. Seguro que mi amigo Pablo votaría por eso también (siempre me dice que dormir es perder el tiempo... tal vez tenga razón).

Así que, sigo con mi promesa de ponerme al día, aunque no estoy segura de cuándo se llevará a cabo (¿cuando acabe el máster, quizas?). Ay, el tiempo, que siempre se nos va.

Besos,
Curri

sábado, 20 de septiembre de 2008

La boda de Núria... en sueños

Otra vez uno de esos sueños raros me atacan. Menos mal que, esta vez, era también gracioso.

Mi amiga Núria, la de la universidad, se casaba. Y se casaba con un amigo de su ex, Carlos, al que yo llamo "el triquitraun" precisamente porque un día (hará 5 ó 6 años) tuve un sueño con él en el que aparecía, en el asiento trasero del coche del novio de Núria, cantándome a mí canciones flamencas, con una pasión nunca vista.
Resulta que Núria ha cortado con su novio hace un par de meses y yo, como buena amiga (y, en parte, lo más parecido a una hermana mayor que ella tiene), la he estado ayudando moralmente, y asegurándome (sobre todo) que no se iba con el primero que pillase.
Así que, en este sueño, Núria se casaba con él, después de salir juntos durante dos meses. En el sueño, aparecía yo persiguiéndola (por su casa, por la iglesia, por el banquete), convenciéndola de que era un error y que debía detener la boda. Y ella, me intentaba convencer de que no, de que era lo que quería y de que estaban enamoradísimos. Y yo lo flipaba. "A ver, Núria, que lleváis saliendo dos meses. ¡No podéis estar enamorados!" "No, dos meses no, tres." "Me da igual, no puede ser. Núria, que haces esto solo porque estás necesitada de cariño y crees que nunca te podrás casar". Yo yo intentaba convencer a su ex (también en el sueño) de que me ayudase a convencerla de que todo esto era una farsa, y de que Núria estaba cometiendo el mayor error de su vida. Pero su ex decía que le daba igual, y que si ella era lo que había decidido, que a él ya le estaba bien... Y la Curri del sueño, vuelta a lo suyo. "Núria, no cometas este error, que sabes que lo haces porque tienes miedo a estar sola." "No, quiero casarme y lo haré."
Y así, toda la noche (seguro que fueron 20 minutos, pero a mí se me hizo un sueño eterno).
La obsesión que veía en mi amiga por quererse casar, sin importarle con quién fuese me estresaba (y aún le estresaba más a la Curri del sueño). Y es que, el amor es ciego, pero las obsesiones lo vuelven idiota, y lo que nos puede parecer "una locura sana" se puede convertir en "una loca pesadilla".

A todos vosotros, antes de comprometeros, casaros... lo que sea: aseguraros de que no estáis cegados por la obsesión, y de que, lo que hacéis, lo hacéis porque realmente queréis, no porque vuestra madre, vuestro padre, la vecina o vuestra mejor amiga os dice que lo hagáis. Ya hay demasiados problemas en este mundo como para añadir más.

Que seáis felices.
Curri

jueves, 11 de septiembre de 2008

Hoy es uno de esos días...

Uno de esos días en los que, no sabes por qué, sientes una tristeza contagiosa. Te contagias a ti misma una y otra vez de tu propia tristeza. Miras por la ventana y sientes melancolía por no poder estar fuera. Sales a la calle y sólo tienes ganas de volver a entrar en casa y sentir de nuevo esa melancolía por no estar fuera. El tiempo tampoco ayuda. Las nubes grises estancadas en el cielo te recuerdan una y otra vez el tiempo que paso sin ver el sol, sin tomar su energía, sin sentir realmente el calor en los huesos.

A veces me siento como si estuviese en un círculo vicioso, un agujero negro en el que, al parecer, me siento cómoda, pero del que quiero salir. El problema es que no sé cómo. O no quiero saberlo. Y la negrura del agujero me invade, y se mezcla con la melancolía de los días, ese tono grisáceo del lugar donde vivo. Estoy en un camino y no sé por dónde voy. Lo sigo, aunque sé que no me lleva a ningún lugar. El mundo pasalentamente; yo estoy de pie, quieta, en medio del tumulto, sin comprender por qué no me muevo yo también. Lo intento, consigo moverme un poco, pero el esfuerzo es demasiado. Decido quedarme ahí, con las manos juntas, cabizbaja, esperando a que alguien me saque de ahí y consiga que me mueva al ritmo del resto. Observo a la gente pasar, observo sus vidas, lo feliz o infeliz que son, los problemas y los éxitos, las subidas y las bajadas. Y veo que algunas vidas son como las mías, pero mucho mejor. Y otras son peores, pero me dicen que no las mire. Así que me fijo en las buenas, las bonitas, las que me sacan de mi agujero negro. Intento moverme hacia allá, pero me olvido de que no podía moverme. Y así sigo, en este agujero, donde no me muevo aunque quiero, no hago nada porque me convenzo de que es lo único que deseo. No hacer nada, ver todo pasar.

Curri, con depresión londinense

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Vuelta a la rutina

Tras 6 días en Madrid, sin preocuparme más que por qué iba a comer más tarde o qué iba a hacer para no aburrirme, regreso a casa. Después de 6 días, entro por la puerta y el olor es extraño. No olía mal, sino que olía diferente. Imagino que diferente al olor neutro del hotel. Entro en el salón y lo veo... pequeño, no sé, como si hubiese más cosas de las que dejé, aunque la mesa con el ordenador parece más grande, como si hubiese más sitio para poner mis cosas. Dejamos la maleta en el salón y nos recostamos en el sofá. Sí, es el sofá de siempre. La tele no se enciende... ¡Qué agradable volver a casa!

Esta mañana me tocaba ponerme a trabajar otra vez. En principio no había nada, no tenían nada para asignarme, así que me he dedicado a limpiar el correo (debía tener unos 100 mensajes, pero no los he contado porque sé que, si lo hago, me daría pereza y no los limpiaría nunca), he enviado mi currículum a dos agencias más (a ver si hay suerte y, por fin, trabajo lo mismo cobrando más dinero) y, vamos, he ido haciendo cositas, típicas de cuando estás de vacaciones.

Por fin, por la tarde, me han asignado algo: 14.ooo palabras para entregar el lunes. Chungo lo veo. Vamos, a 4000 palabras al día, con dos días de trabajo... no me salen las cuentas. A no ser que trabaje intensivamente todo el fin de semana. Mejor decirles que me quiten unas pocas, porque llevo mucho retraso del máster. Vale, me dan poco más de la mitad. Empiezo a trabajar...

Pasan dos horas...

Me aburro. Dios, qué mal me ha sentado "la vuelta al trabajo". Y peor será "la vuelta al cole" porque mañana sigo con el máster y me da un palo... ¿Por qué no han inventado la clonación automática para que pueda hacerme otra Curri y haga los deberes por mí? Bueno, no, mejor me hago dos, una que trabaje y la otra que haga los deberes, y así yo descanso. ¡Es verdad! Hoy era el día en que esos científicos importantes iban a accionar un experimento nuevo para conocer el por qué del Big Ban y ha costado miles de millones (6000 millones de dólares, para ser más exactos)... pues ya podrían haber invertido parte de eso en clonar partículas y me solucionaban más la vida (bueno, a mí, y a muchos que también estarían encantados con tener un clon).

En fin, que me gusta trabajar pero cada vez lo tengo menos claro. Creo que todo el mundo sería más feliz si trabajase porque quiere, no porque lo necesitan. Y es la necesidad la que hace al trabajador estar amargado y desmotivado. Querer estar en todos lados menos donde debe estar.

Tengo que seguir trabajando. Hasta otra.
Curri

martes, 2 de septiembre de 2008

Se casa mi primo

Pues sí. Ahora tengo más presión familiar preguntándome que cuándo me llega el turno. ¡Aaaaahhhhh! ¡Callarsus todos!
Mi primo Carlos, el que nunca ha presentado a ninguna novia oficial, ni hablado de novias ni nada, se casa dentro de tres días. Y sí, voya estar allí, para asegurarme de que no sale corriendo, jejeje. La presión se acerca, ya que, aparte de mi primo Javi (que seguramente todos siguen pensando que es demasiado joven), soy la única que no se ha casado. Y todos tienen ya ganas de verme con el anillo y empezar a parir hijos. Pero claro, un hijo no es barato, y se necesita mucho dinero, y por mucho que les digo que no, que hasta que no me estabilice y me compre una casa, nada de nada, siguen emperrados en que sí, que ya se me va a pasar el arroz. Menos mal que Derren me ha enseñado a ignorar a la gente y contestar cosas neutras para alegrar a todos los gustos.

Y es que llevamos dos años que parece que regalan las bodas, y también los hijos. No hago más que oír de gente que se casa, o tiene hijos, o se casa y tiene hijos. Como si pudieses comprarlo de oferta en el super: ¡2x1, pague la boda y llévese al hijo gratis!

Mañana vamos a Madrid (Derren y yo) a pasar una semana, ver algunas cosas que nos olvidamos ver y ver si podemos hacer algún viaje fuera de Madrid (aunque, como siempre, seguro que no lo hacemos). A ver si tengo algún rato para poder contar historias.

Que lo paséis bien.
Curri

martes, 19 de agosto de 2008

Todo lo bueno tiene su lado malo

Trabajar en casa es muy bueno, te tomas tu tiempo, nadie te vigila, puedes hacer lo que quieras, puedes comer a la hora que quieras y dormir la siesta siquieres. Pero todo lo bueno tiene su lado malo. La concentración. Empiezo la mañana bien, pero a las pocas horas, me aburro. Y no es como antes, que podía aburrirme y simplemente me iba a hablar con alguien. No, ahora no tengo a nadie con quién hablar. Puedo hablar por el messenger con gente que también lo tiene conectado, pero si empiezo, no paro. El messenger, el pequeño diablo que vicia a los faltos de entretenimiento.


Y no sé qué hacer para evitarlo. Trato de hablar conmigo misma (dentro de poco los vecinos me mandarán a los loqueros para que me vengan a buscar), darme ánimos, decirme que, si acabo rápido, podré ir a dar una vuelta, a comprar ropa, a ver Londres, a hacer fotos... Pero en cuanto me pongo de nuevo a trabajar, la concentración vuela. Tal vez vuele a aquellas partes a las que tanto me digo que podría ir. Mi concentración descansa. Yo no. No nos engañemos, nunca he tenido demasiada capacidad de concentración, sobre todo haciendo cosas monótonas. Creía que haciendo traducciones no me pasaría, ya que en la universidad no solía perder la concentración, pero no sé si es la vejez o que realmente estoy haciendo algo que no me gusta, el día a día se me hace cuesta arriba.

Definitivamente creo que necesito trabajar con gente. Pensaba que aún era esa gruñona a la que la gente le molestaba a veces, pero no, ahora veo que realmente necesito permanecer en contacto con la sociedad, realizar tareas en común y también solas. ¡Pero odio tanto levantarme pronto! Ya se lo decía yo a mi madre, tenía que haber nacido rica. Así no tendría que trabajar. O podría trabajar pero por placer, ayudando a la gente sin importar cuándo hacerlo. ¿Existe un trabajo así? Si exite, me lo pido.

Ahora toca seguir con el trabajo. A ver si este monólogo me ha servido para devolverme a este mundo infernal y real del trabajador.

Curri