martes, 28 de abril de 2009

Reencuentro petardo

Tras 8 años sin ver a mis amigas de gimnasia,

domingo, 15 de marzo de 2009

Gok Wan... otra vez

Está visto que, en una ciudad tan llena de famosos y famosetes, es normal encontrarse a un famoso en el restaurante, retocándose los polvos en el baño de la disco super-fashion a la que has conseguido entrar gracias a un amigo, en la obra de teatro para la que has comprado unas entradas superbaratas en una oferta en internet o, simplemente, paseando por las calles repletas de Oxford Street (aunque lo dudo)... o, bueno, quién sabe, ¡a lo mejor hasta cogen el metro! (Al fin y al cabo ellos se empeñan en convencernos que son "normales"). Sin embargo, en cuatro años y medio que llevo aquí, los famosos que he visto han sido más bien escasos. El primero de todos fue un presentador de televisión que hace un programa de deportes... y ni siquiera lo vi yo, lo vio Derren y me lo dijo, pero parece ser que no era capaz yo de reconocerlo entre la muchedumbre de Wimbledon. Luego vino Keira Knightly, una auténtica decepción: una chiquita escuchimizada, no más alta que yo (y seguro que llevaba tacones), con un kilo de maquillaje en la cara y con cara de pocos amigos, con quién me crucé paseando por Hyde Park con un amigo, ambosdós vestidos superfashion. Esto fue hace como dos agostos. Hace como un año, me encontré a Gok Wan (famoso estilista, presentador de televisión) en la puerta de un bar bastante chic, por lo que parece, fumándose un pitillo (recordad que aquí está prohibido fumar dentro de bares y restaurantes) con un amigo. Yo salía de un restaurante Tailandés cercano, al que Derren amablemente me había invitado, y nos dirigíamos al metro, pasando por el susodicho bar. Yo, en seguida, le hice a notar a Derren de quién se trataba, pero él pareció tener más vergüenza que emoción y me dijo que me olvidase de pedirle una foto. La verdad es que algo de razón tiene; a la gente así les debe inflar las pelotas que, estando en su momento de relax, les venga la gente a pedir autógrafos y fotos y chorradas de esas... ¡¡Pero si es que me da igual!! Yo quiero una foto, jaja. Éste, en particular, es un presentador que me parece que hace mucho por que las muejres no se obsesionen con gastarse millonadas en comprarse ropa y ponerse maquillaje hasta en el carnet de identidad. No, chicas, no; hay que quererse por lo bueno y por lo malo. Ya por último, este otoño fui al teatro a ver la última actuación de una pareja cómica femenina inglesa (muy buenas, por cierto) y en el hall del teatro vi a Davinia McCall, presentadora de Big Brother (la versión inglesa de Gran Hermano). Y a esto estuve de pedirla una foto, pero las prisas por ir al baño fueron mayores y ya le perdimos el rastro.

Hasta hoy. Gracias al buen sol que nos había regalado este días, y tras despedirnos de Dani y Núria que se volvían a su tierra, Sara y yo decidimos irnos a tomar una birrilla por London Bridge, en una terraza de u no de esos bares que miran a Tower Bridge (el puente ese que se eleva). Estando las dos de cara al sol, y con media birra en el cuerpo, vi a Gok Wan venir con una amiga fémina para pedir mesa en el restaurante de al lado de donde estábamos sentadas. Y yo, toda emocionada, diciéndole a Sara quién era y, claro, también tuve que explicarle a qué se dedicaba y todo, porque ella lleva poco tiempo aquí. Lo gracioso es que, justamente la noche anterior, Dani me había preguntado si había visto a algún famoso por Londres, y le dije que sí, y le expliqué quién era Gok Wan (tras darle mi corta lista de nombres de famosos). Y, mira por dónde, voy yo y me lo encuentro. La prueba es ésta:

Bueno, no fue fácil hacer una foto. No quería molestarle, al pobre, acercándome así con el morro y pidiéndole una foto directamente. Pero tampoco era plan de plantarme delante suyo y hacer las fotos, así a lo bestia. Y la gente se empeñaba en ponerse por delante. Así que, gracias a la super cámara de Sara, con un zoom impresionante, conseguimos hacer un par de fotos para que nos sirvan de testigo. ¿Se ve bien?
Eso sí, la próxima vez que lo encuentre, me acerco, le saludo, le pido autógrafo y foto. A la tercera va la vencida, ¿no?
Curri

martes, 10 de marzo de 2009

La muerte de la televisión

La tele ha muerto. Sí, mi aparato televisor se apagó ayer por la mañana y la única respuesta que recibía de él es una pantalla negra de silencio. La tele llevaba unos dos años medio enferma, achacando apagones en los momentos más interesantes del programa, película, noticias o anuncios. Al principio, cuando se apagaba, se volvía a encender, lo cual era, en parte, un alivio (aunque ya te hubieses perdido ese momento imprescindible en la trama de lo que estuvieses viendo). Más tarde pasó a necesitar, de vez en cuando, una ayudita de la mano humana que, en el momento justo, debía dar un golpe preciso en la parte superior de la pantalla para ayudarla a encenderse. Otras técnicas se probaron para evitar tener que dejar la cómoda postura del sofá y levantarse a realizar la operación, como arrojar zapatillas o bolas de plástico blandas. Sin embargo, no eran tan efectivas. Últimamente empezaba a ser más difícil conseguir que permaneciera encendida o incluso conseguir que se enciendera por primera vez, pero iba tirando, parecía que podría durar. Ayer, hacia las 10 de la mañana y tras haberla tenido encendida durante media horita, se apagó y, a pesar de mis esfuerzos por que volviera a encenderse, dio su último aliento y nos dejó... Para siempre.

¿Por qué encontramos tan importante algo que, en el fondo, es tan insignificativo? Pasaron las horas y notaba que echaba de menos ese aparato. Y no porque quisiera ver la llamada "telebasura". Simplemente quería escuchar las noticias, tener a alguien, ahí al lado, mientras trabajo, contándome qué pasa en el mundo y si ya ha llegado el fin del mismo o no. Y me faltaba eso. Me faltaba tanto que fui a comer a la habitación para poder ver las noticias en la televisión pequeña que tenemos allí. Aún peor fue por la tarde, cuando Derren llegó y vio que, efectivamente, la tele no se volvería a encender. Nos pusimos a mirar televisiones por internet para ver si podíamos ir a buscar alguna a la tienda de al lado... Pero no tuvimos suerte, todas eran para entregar en casa en un periodo mayor de tres días. Así que la noche se ha hecho un poco extraña, hablando lo mismo que hablábamos antes pero haciendo cosas cada uno en su ordenador. Eso sí, tenía mi música puesta cosa que hacía mucho que no teníamos estando los dos en casa (solo la ponemos de vez en cuando, cuando nos preparamos para salir o ir a casa de alguien). Yo supongo que mepodría acostumbrar a no tenerla, aunque sí que la echaría de menos para las noticias y ver películas.

¿Por que tanta necesidad de ese aparato? ¿Por qué es tan fácil acostumbrarse a tenerla pero tan difícil pasar sin ella? ¿Está ya la sociedad y el entretenimiento no-digital en el momento de tener una enfermedad crónica de la que no se salvarán? ¿Será que ya no sabemos divertirnos si no tenemos electricidad que haga funcionar los aparatos electrónicos que nos entretienen? Si llevamos apenas 60 años con ella en nuestras casas, ¿qué pasará dentro de otros 60 años? ¿Estaremos tan robotizados que llevaremos la televisión incorporada en nuestros cerebros? Si es así, ¿cómo se lo montarán los padres para castigar a los hijos sin ver la televisión?
Al fin y al cabo, todos nos quejamos de las porquerías que ponen en televisión, que la cantidad de anuncios que nos hacen tragar y de que, las pocas películas que ponen, son malas o ya las has visto. Pero seguimos quedándonos embobados antes la tele boba, muchos sin pestañear casi, absorbiendo la información masticada que emiten para nuestra alimentación imaginativa.

El caso es que no pudimos aguantar y ya hemos pedido una televisión, una nueva, como la que llevamos un año diciendo que compraríamos pero que no comprábamos porque intentábamos aguantar porque la televisión parecía aguantar. Y, si soy sincera, me hace mucha ilusión, porque es la primera cosa así grande y cara que me compro con el dinero del sudor de mi frente. Bueno, la segunda, que la primera fue el objetivo de la cámara, aunque fue más gracias a haber tomado la buena decisión de dejar Eidos. Es como el día de reyes, que sabes que algún regalo bueno te cae, pero no sabes exactamente cómo es o cuál de todos los regalos de la lista te traerán... Pues eso. No sé lo grande y plana que será mi nueva televisión, ni si se verá bien o no :)
Ya os contaré. Hasta pronto.
Curri

¡Hagan sus apuestas!

Por fin he podido empezar el testeo ese de apuestas por medio del teletexto de la televisión. Y la verdad es que, de momento, parece que conseguiré bastante dinerillo con ello porque está plagado de errores.


El sistema es simple: con el teletexto activado, entras en la página del juego, apuestas por ciertos números y llamas por teléfono para realizar la apuesta. Lo bueno es que te dan un documento planificándote la forma de realizar el testeo (o pruebas), así puedes seguirlo y te aseguras de que no te dejas nada, con lo cual, pues mejor, menos para pensar. Pero, antes de empezar a realizar apuestas, necesitas abrirte una cuenta. Dale al teléfono... Pim-pam-pum, ¡con lo que me gusta a mí llamar por teléfono! :) Pues hala, marco el número, pruebo... mensaje de error. Vale, pruebo otra vez... sigue sin funcionar. Pues hablemos con el encargado. Ah, vale, que necesito un número PIN que no se repita... "Pues me lo podríais haber dicho antes". Y así, una y otra vez, a incordiar al encargado... jijiji, puedes molestar a gente sin que te echen la bronca. ¡No me digáis que no es el sueño de todos! Al final, conseguí abrirme la cuenta (ficticia, por supuesto) a la hora de comer. Descanso hasta las dos. ¡Vaya chollo! Eso sí, espero que me paguen también las horas de espera, porque son un coñazo (vamos, que ni me puedo ir a dar una vuelta por si me reclaman de nuevo).


De momento parece que todo va bastante bien... en el sentido de que he conseguido cosas que no estaban en el plan de pruebas, y al final de la tarde, conseguí que el sistema dejase de funcionar. Y aquí viene el placer: lo que para algunos sería una desgracia, en el mundo del testeo, es la gloria :) Si "rompes" algo, significa que has encontrado un fallo importante, con lo cual, puede arreglarse y no ocurrirá cuando el cliente (el de verdad) esté usando el servicio. La verdad es que todos los trabajos deberían ser así: ¡recompensemos al que la caga!... ¿Qué? Ah... sí... Bueno, tenéis razón con que ya hay muchos trabajos en los que, el que es más tonto o hace menos, es el que cobra más y se lleva los méritos.


Sé que no es lo que se supone que debería estar haciendo como traductora, pero cuando se es alguien con "menos suerte que el resto" hay que cogerse a lo que se pueda. Y para pasarme las horas desesperándome, mirando el reloj y teniendo que estar pendiente del buzón de correo, al menos entretengámonos con "juegos", marcando numeritos en el teléfono e intentando romper sistemas mientras te haces rica, virtualmente, claro. Según me han contado, podría haber ganado unas 500 libras diarias apostando (vamos, tal y como está la libra últimamente, digamos que son unos 500 eurillos). Eso sí, el día que juego con dinero de verdad, con mi dinero, no es tan bonito. Y es que jugar a la loto con el dinero de otros siempre se ve mucho más fácil.

Sigamos apostando...

miércoles, 14 de enero de 2009

Dejar de hacer...

Esta mañana me he puesto a leer el blog de un argentino (http://orsai.es/), que la verdad es que me encanta como escribe, con tal naturalidad, como si fuese tu mejor amigo explicándote lo que le pasa por la cabeza. Un poco por aburrimiento de haberme pasado el día haciendo menos que nada y viendo todos mis esfuerzos por conseguir algo de dinero desvanecidos en la ignorancia. Otro poco por relajar mi mente y aportarle cosas positivas, trozos de pensamientos, palabras, ideas, ilusiones... He estado leyendo y leyendo me he acordado de la de cosas que me gustaba hacer antes, que solía hacer antes y que ya no hago o que hago con menos frecuencia. Por ejemplo: escribir. Dejar volar mi imaginación y plasmar la aventura en un trozo de papel. Sí, escribo aquí, pero últimamente noto que me quejo más que nada, que me estoy convirtiendo en una vieja chochona cabreada con el mundo. He dejado de leer libros por gusto y ahora los leo por obligación y por mala conciencia de no leer nada. Y quiero llenarme la cabeza de historias, aventuras, viajes, desengaños, lloros, alegrías... cosas que podrían pasarle a otra gente, cosas que podrían pasarme a mí... Dejé de cantar con frecuencia hace ya ocho años, y con ello murió parte de mi alma. Me siento vacía, más bien hueca, y escucho el silencio resonando en mí, mientras intento vanamente llenarlo con algunos gorgoritos que consigo hacer de vez en cuando. Pero no son suficientes. También dejé de hacer deporte y de bailar, algo que me hacía sentir llena de energía y no como si fuese un saco de pereza a punto de reventar si me muevo demasiado.

Me he dado cuenta de que, mientras estuve en la universidad, no tenía nada de monotonía (aparte de ir a la universidad, volver a casa, hacer deberes, dormir)... ¡Todo lo contrario! Los 4 últimos años en España fueron estupendos, porque siempre tenía algo que hacer. De hecho, en el fondo, siempre tengo algo que hacer, pero mi pereza o mi amor por quejarme, me superan. Es como si estuviese tan cómoda en la queja que no viese lo cómoda que estaría en la acción.

Gracias a dios he conseguido engancharme en la fotografía. Además, durante las navidades aprendí a hacer unas cuantas cosas con el photoshop, poner marcos en mis fotos y firmarlas y algún truquillo más. Y podría decir que no se me da mal, aunque personalmente yo creo que aún tengo camino por recorrer. Visitadme, si aún no lo habéis hecho, y me decís qué tal http://curri-chan.deviantart.com/
Quisiera hacer algún cursillo de fotografía, para sacarle más provecho a lo que hago y a lo que me gusta hacer. También tengo que intentar salir más a hacer fotos, improvisar y experimentar. Tal vez con el año nuevo me apetezca más, no lo sé. Tal vez lo que me debería apetecer es animarme a mí misma para que este año todo cambie. Y empezar a hacer otra vez...

jueves, 8 de enero de 2009

El 2009 no empieza bien...

De nuevo hay guerra en Israel, la crisis no cesa sino que encima parece que va a peor, más gente se queda sin trabajo, cierran tiendas, los bancos quiebran... El 2009 no empieza bien.

Para mí tampoco es que haya empezado a las mil maravillas. Al menos no laboralmente hablando. Tengo salud (sí, aunque puedo oler la depresión a la vuelta de la esquina), tengo amor (lo único bueno creo yo... ¡y que dure!) pero apenas tengo dinero ni trabajo. Dos cosas que, aunque no den la felicidad, sí que ayudan a conseguirla, ayudan a que este viaje por la vida sea más apacible, más cómoda o, simplemente, mejor. Sigo insistiendo en seguir traduciendo, y envío mi currículum a agencias y más agencias para ver si pueden darme trabajo, y más y más agencias se empeñan en ignorarme o decirme que no tienen nada... pero sigue habiendo traductores españoles en el mundo que sí tengan trabajo, ¿no? ¿Y por qué tengo que ser yo la "rechazada" y no el resto? Y así sigo, frustrada, fastidiada, enfadada porque cuanto más empeño le pongo, peor me sale.

¿Y no será que toda esa energía que estoy poniéndole a esto y lo poco que me devuelve sea porque la vida me está tratando de decir que no es traducri lo que debería estar haciendo sino otra cosa? ¿No será que me estoy dando golpes contra una pared en vez de entrar por la puerta que hay al lado? ¿O tal vez sea el único consuelo que tengo para mi desgracia?

Parece que en todo en lo que le pongo mis fuerzas me sale mal o a medias. Cuando estaba en el restaurante (vale, no es un trabajo en serio, pero era lo que tenía) ni me daban propinas ni me dejaban hacer cosas importantes, y por más que demostraba que podía recibir más dinero y más responsabilidad, solo era "la esclava". Estando en los videojuegos, me desganaba por conseguir que me subieran de puesto... y, al final, nada; solo me dejaron hacer algo de coordinación de los proyectos pero nunca me subieron el sueldo o me cambiaron el nombre de mi puesto. Ahora, me meto en traducción, que se supone que es para lo que me he estado preparando con tanto esmero, y no sólo consigo que una agencia me diga lo indecible, sino que, cada vez, consigo menos trabajo y menos dinero... ¿Qué será lo siguiente?

En fin, al vida sigue y yo también debo seguir. Tal vez deba seguir en otro sitio, tal vez esto esté pasando para convencerme de que llevo demasiado tiempo aquí y debería volver "a casa", de que ya he perdido demasiado tiempo y que la vida sigue y yo también debo seguir.

Curri

jueves, 1 de enero de 2009

Felicidades para mí ;-)

Otro año pasa para el mundo... y para mí. Me felicito porque creo que me lo merezco. Me paro, miro atrás y observo todo lo que he hecho... Sé que me he dejado muchas cosas por hacer, sé que vine aquí con mucha ilusión, muchas ganas de comerme el mundo y casi diría que lo que me he comido han sido los mocos. Si miro a muchas de las personas que tengo a mi alrededor, personas que conozco del colegio, el instituto, la universidad, el trabajo... No muchos tienen una vida que podría considerarse peor que la mía. Los que no quisieron moverse de sus ciudades, viven acomodados en sus casas, o quizás aún en casa de sus padres. De los que sí se movieron y decidieron desengancharse del nido paternal, han trinfado bastante en lo que hacen, otros han regresado y se han vuelto a acomodar y otros, aún «desatado» de la custodia de los padres, siguen recibiendo ayudas de los mismos, con lo cual lo tienen todo y no tienen que preocuparse de que no tienen dinero para llegar a final de mes. Pero, al fin y al cabo, estoy orgullosa de lo que he conseguido y, sobre todo, de haber conseguido casi todo por mí misma.

Hace ya cuatro años que vine a Londres en busca de una buena vida, un buen trabajo, buen dinero... y no ha sido nada fácil. He conseguido un trabajo justillo, poco dinero y una vida normal. Constantemente he sentido añoranza de mi país, mi familia, mis amigos, del sol (ah, ¡el sol!). También he estado a punto de tirar la toalla muchas veces, irme y dejar este lugar que tantos disgustos parece que me da, y volver a la vida fácil (bueno, creo que ya no será tan fácil como cuando vivía con mi madre). Pero es mi vida y estoy orgullosa de ella. Y así seguiré también durante este 2009, y os invito a todos a que hagáis lo mismo: mirar atrás con orgullo, no con pena o añoranza, porque cuanto más felices seáis ahora, más felices podréis ser en el futuro.

¡Ánimo, y que el 2009 sea mil veces mejor que el 2008!


Y acabo con una frase que me parece perfecta para empezar el año:


«El primer paso para la solución de los problemas es el optimismo. Basta creer que se puede hacer algo para tener ya medio camino hecho y la victoria muy cercana». JOHN BAINES



Besos y abrazos.

Curri

viernes, 19 de diciembre de 2008

Interpretación melancólica

Ayer auguraba otro día aburrido sin mucho que hacer, porque con la crisis dichosa, las empresas evitan costes innecesarios, y apenas hay trabajo de traducción (y, si lo hay, por favor decidme dónde porque yo no lo encuentro). Pero la ley de Murphy es maléfica, y te acecha constantemente, para vigilar un momento de debilidad y poder atacar. Ayer por la mañana, justo cuando estaba en mitad de una traducción, me llamaron para ver si podía ir a un buffete de abogados a realizar una interpretación... esa misma tarde. Al principio me sentí un poco reticente, porque tenía que viajar durante más de una hora para llegar al lugar, y es tiempo suficiente como para que me llegue alguna traducción importante y no pueda aceptarla. Pero ante la insistencia del hombre al otro lado del teléfono, decidí ir y conseguir, al menos, algo de dinero extra.

Llegué al lugar (que estaba a tomar por culo a la derecha) y tuve que esperar. Un poco más tarde, llega una mujer con dos niñas gemelas, preciosas. Era la mujer a la que tenía que hacer la interpretación. Yo no tenía ni idea de lo que iba, porque el hombre de la agencia parecía tan desesperado que ni siquiera se dignó a explicarme el tema. Entré con ella al despacho de la abogada, saludamos, nos sentamos y empezó la cosa. Resulta que la mujer (Alina) era cubana y se había venido a Londres con su marido, quien meses atrás la había maltratado. Estaban én situación de divorcio pero como ella había venido a Reino Unido bajo custodia del marido (es decir, te dan un "visado condicional", a condición de que dependas del marido, es decir, sin trabajo), no tenía trabajo para mantenerse, para comer ni para pagarse un hotel. Así que el asunto estaba en conseguir que el marido pagase el hotel, porque tenía una orden de alejamiento y no podían vivir juntos, pero claro, el marido llevaba sin pagar 6 semanas porque no trabaja por enfermedad. Y la mujer que no paraba de llorar porque no tenía forma de pagarse un sitio donde vivir, ni la comida para sus hijas (tiene tres)... y la verdad es que se me encogía el corazón al ver que, debido a su situación, no tenía papeles para poder trabajar en Reino Unido, pero tampoco los podía conseguir, a pesar de tener una carrera como entrenadora física. Y que ni siquiera, por el bien de sus hijas, ¡¡el gobierno británico podía ofrecerle una casa!!

Me sentí impotente, no solo porque yo no podía hacer nada para ayudarla (¿qué puedo hacer si vivo en un piso enano y apenas estoy ganando dinero para poder pagar mi propio alquiler?), sino porque veía los impedimentos que la política nos añade a la vida, ya de por sí muy dura. Qué triste es ver que se necesiten tantos permisos y papeleos para poder entrar en un país, para poder vivir en un país, para poder pedir trabajo en un país, para poder trabajar en un país, incluso para poder considerado "persona" en un país... Y que, por culpa de eso, haya gente en la situación de Alina que, necesitando y queriendo trabajar, queriendo residir en un país, no pueden porque tienen que esperar no sé cuántos años a que los gobiernos de sus países se pongan de acuerdo en aceptarle la visa. Y, al mismo tiempo, saber que hay holgazanes británicos, viviendo del paro y de las ayudas estatales, que no quieren trabajar porque, ¿para qué, si el estado se lo paga todo?

La verdad es que la vuelta a casa me dio qué pensar. Me quedé en un estado de melancolía, como si flotase en un aire espeso de humedad. De pronto, mi visión de la vida se movió a un punto más abierto, más elevado, desde donde podía ver aún más cómo nos peleamos los unos con los otros, cómo nos dificultamos la vida en vez de ponérnoslo fácil... ¿Por qué tanta barrera política? ¿Por qué no intentamos ayudarnos mutuamente? Hoy por ti, mañana por mí, hoy aquí, mañana allí... Tú vienes a mi país a trabajar, yo voy al tuyo a crear empleo... ¿No sería un mundo mejor? Hay demasiado odio ya como para seguir poniéndonos trabas, pero los políticos parecen no darse cuenta.

Y así vi como mi interior cambiaba, aunque fuese solo un poquito, tocado por la vivencia de ese día, por la impotencia de ver que para la gente que tiene poder, las personas no son nada.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Por fin dio señales de vida...

Llevaba mucho tiempo sin saber de Carles, mi gran amigo de la universidad. Diría que ni me acuerdo de cuándo fue la última vez que hablé con él. Son cosas que no se apuntan en un diario porque nunca te esperas que alguien que, para ti, era como un hermano, decida un día dejar de hablarte, dejar de comunicarse contigo, desvanecerse, no mediar palabra e ignorar todos y cada uno de los correos y mensajes enviados. Al final, imagino que desistí, aunque siempre quedaba algo de esperanza, ya que seguía preguntando a los amigos comunes si sabían algo de él y que, si lo encontraban, que le dijesen que diese señales de vida.
No es que me hubiese olvidado de él, no. Como ya dije, hay gente que pasa por tu vida y se va sin dejar rastro. Otros, te señalan, te cambian la vida, te hacen evolucionar y dejan una huellita dentro tuyo que te impide que te olvides de ellos. Al igual que algunos de los que conocí durante mi estancia en la universidad, en Vic, Carles es una de estas personas que forman parte de tu personalidad. Lo que sí diría es que me acostumbré a vivir sin su presencia, sin tener que acudir a él a contárselo todo, a compartir experiencias o simplemente decirle que había escuchado su canción preferida en la radio y me había acordado de él. A pesar de sentirme durante tanto tiempo tan sola en Londres, sin amigos a los que realmente pudiese considerar amigos, dejé de insistir porque llevaba ya mucho tiempo hablando con algo que no me devolvía respuesta alguna. A lo mejor dejé de hacerlo porque me convertí en alguien solitario. A lo mejor lo hice porque creí que tenía yo algo de culpa y nunca me lo llegaría a decir. No lo sé y no creo que nunca lo sepa.

El «Reencuentro» ha sido un poco extraño. Al principio fue como un grito de "¡Por fin!". Luego pasó a algo más bien... "La próxima vez que me dejes de hablar, te doy una colleja". Después de disculparse, me explicó que había intentado apartarme por miedo a sufrir, porque realmente había sentido que no podría soportar que me hubiese ido tan lejos (a Londres), y que no sabiendo qué hacer, creyó que lo mejor era cortar todos los lazos que le unían a mí. Pero claro, cuando volví a reaparecer (gracias a Facebook y mi insistencia), se le cayó el mundo encima. Y bueno, las disculpas aceptadas. Creo que en esta vida perdemos a demasiados buenos amigos por tonterías y por miedo a pedir perdón, y yo ya había perdido a demasiada gente.
Pero yo creo que lo que más me hace sentir aliviada de no sentir rencor porque esta persona me ha dejado abandonada durante tanto tiempo es el hecho de haber estado en Londres tanto tiempo, sin nadie que me entienda al 100%, que comparta mis gustos, aficiones, nadie con quién pueda sentirme segura... ¡nadie a quién considerar alma gemela!... Todo lo que aquí he pasado me ha hecho cambiar mi forma de ser. En algunos casos para mal, pero en otros para bien. Hay que aprender a perdonar si la persona se lo merece. El pasado, pasado está, y el rencor destroza el corazón, destroza a la persona, la convierte en alguien mísero. El rencor hace que las personas se queden solas.

En fin, no mucho más que decir. Solo espero que no haya sido en vano y, sobre todo, espero que las amistad vuelva a ser lo que fue en su día. Porque todos necesitamos amigos, pero los buenos amigos no se consiguen cada día.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Murphy's Law... O la ley de Murphy

Como tantas veces, el Sr. Murphy vuelve a tener razón. Aunque esta vez no me puedo quejar de que me haya pasado. El mes pasado fue muy duro, laboralemente hablando. La mayor fuente de ingresos que tenía dejó de existir, y Octubre no es un buen momento para introducirte en agencias de traducción o convencer a gente para que te escoja en pos de otros, por lo que, a pesar de mis insistencias, en la mayoría de las agencias me ignoraban o me decían que ya me enviarían, pero nunca enviaban nada. Y así estoy, enviando una cantidad innumerable de currículums a compañías nuevas, pero pocos son los que dan respuesta alguna. Y es que, entre la crisis y que no es la mejor época del año, me da la sensación de que estoy en la profesión errónea.

Como decía Murphy: "Si algo puede salir mal, saldrá mal". Cuando decidí rechazar la oferta en EA para quedarme en casa haciendo lo que había soñado hacer desde que empecé la carrera sabía que había posibilidades de que la situación en la que estoy ocurriese. Porque, dicho sea, trabajar de forma autónoma no es la forma más segura de saber exactamente cuánto dinero entrará en tu cuenta bancaria cada mes... si es que entra algo. Los riesgos haberlos, hailos, pero tal vez confié demasiado en mí misma como para hacer caso a la vocecita en mi interior. Porque, a ver, sí que es verdad que hay épocas malas, pero si a todo el que decide meterse a traducir de forma autónoma le fuese mal, no quedarían traductores. Así que pensé que a mí no me pasaría. Bendita ilusión. No había caído con que la crisis vendría justo en el momento en el que hay menos movimiento de traducciones, justo en el momento en que Synthesis decidía "prescindir de mis servicios" abogando razones un poco sospechosas, justo en el momento en que más necesitaba el dinero...
Porque, "si algo puede salir mal, saldrá".

Y aquí estoy, adquiriendo una rutina diaria de llamar a todas las puertas posibles, de volver a visitar y recordar que sigo existiendo. Pero parece que ya he llegado demasiado tarde para que me consideren "traductora habitual" y solo pertenezco al grupo de los de "por si los habituales tienen demasiado trabajo, enferman o se mueren"...


Si alguien me hubiese avisado de que iba a encontrarme en una situación así, no habría dicho que no a EA. Me habría quedado con ellos aunque acabase harta de viajar, aunque trabajase como una burra, aunque mi día se limitase a trabajar, regresar a casa y dormir... pero, al menos, tendría un sueldo fijo a final de mes y estaría adquiriendo experiencia en algo que me sirve para el futuro. Es de las pocas veces que me arrepiento de no haber hecho algo y, encima, me tengo que tragar las malas consecuencias.

Y es que Murphy se empeña en recordárnoslo... "Si existe la posibilidad de que varias cosas salgan mal, la que cause más prejuicios será la única que vaya mal".

Curri